¿Por qué falta una parte de la estructura del Coliseo de Roma? ¿Dónde está lo que falta?

Coliseo de Roma

Una de las mayores peculiaridades del Coliseo de Roma es, sin duda, ese aspecto incompleto, como si le hubieran arrebatado una parte o su estructura se hubiera roto.

Porque, como seguro has apreciado, este enorme anfiteatro conserva buena parte de su forma exterior pero, en uno de sus lados, el anillo exterior desaparece de manera abrupta. ¿Qué ocurrió? ¿Se derrumbó? ¿Fue destruido? Y, sobre todo, ¿dónde están las piedras que faltan: están custodiadas o se han perdido?

Pues de todo ello queremos hablarte hoy en este nuevo post que hemos publicado en nuestra sección de Historia.

Coliseo de Roma: una obra gigantesca para la capital del Imperio

El Coliseo de Roma, conocido originalmente como Anfiteatro Flavio, comenzó a construirse durante el reinado del emperador Vespasiano, hacia el año 70 d. C. y fue inaugurado por su hijo Tito en el año 80. 

Posteriormente, Domiciano completó y amplió el conjunto hasta conseguir el anfiteatro que durante años albergó tantos espectáculos públicos hasta que comenzó a quedar en desuso y deteriorarse. Para levantarlo se emplearon enormes cantidades de travertino, además de toba, ladrillo y hormigón romano.

¿Qué le pasó al Coliseo de Roma para que le falte una parte?

Muchas personas que visitan Roma se preguntan qué le ha pasado al Coliseo para que le falte una parte a su estructura. Para explicarlo, debemos tener presente el papel que han jugado dos fenómenos diferentes: los derrumbes y el expolio de materiales.

1.- Derrumbes: Los terremotos provocaron daños importantes a lo largo de la historia en Roma. Uno especialmente destructivo tuvo lugar en 1349 y afectó gravemente al sector sur de esta construcción. Esa zona se encontraba sobre un terreno aluvial menos estable, lo que contribuyó al colapso de una parte considerable de la estructura.

2.- Robo de materiales: Pero los terremotos no explican por sí solos el aspecto actual. A partir de la Edad Media, el Coliseo se convirtió también en una auténtica cantera de materiales de construcción. Sus bloques de travertino fueron desmontados y reutilizados en otros edificios, mientras que otros materiales fueron triturados para fabricar cal. Incluso las grapas metálicas que unían algunos bloques fueron extraídas.

El resultado fue que, poco a poco, la estructura del Coliseo fue quedándose incompleta hasta llegar al punto en el que se encuentra ahora, ya protegido desde hace muchísimos años para garantizar su conservación y evitar que el deterioro vaya a más.

Entonces, ¿dónde está la parte que falta?

La respuesta más rigurosa es que no existe una “parte del Coliseo” guardada.

Una parte de la estructura desaparecida se derrumbó y sus restos quedaron inicialmente en el entorno del monumento. Con el paso de los siglos, muchos fueron extraídos y reutilizados como piedra de construcción o transformados en otros materiales. Por eso, no existe un lugar en el que se guarden esos restos ni donde esté una “parte del Coliseo”.

Además, no todo desapareció. Las investigaciones arqueológicas recientes han demostrado que bajo las zonas actualmente vacías permanecen restos, cimentaciones, pavimentos y las huellas de los elementos que fueron retirados. 

En el lado sur, por ejemplo, se han identificado los dos anillos exteriores de corredores que ya no conservan sus estructuras originales.

Las intervenciones arqueológicas realizadas entre 2022 y 2026 han permitido incluso recuperar y hacer visibles esas huellas, reconstruyendo sobre el terreno la dimensión que tuvieron aquellos espacios. No se ha reconstruido el Coliseo perdido, sino que se han utilizado sus propios vestigios para explicar cómo era.

Conclusión

Los terremotos, la acción de los agentes climáticos externos, el aprovechamiento de materiales y el robo de buena parte de ellos, el paso del tiempo, el deterioro… hicieron que el Coliseo de Roma sea hoy esa construcción incompleta tan peculiar.

Por eso, cuando caminamos hoy alrededor del Coliseo, no estamos ante un monumento simplemente “roto”. Estamos viendo el resultado de casi dos mil años de historia. Y quizá ahí reside parte de su fascinación. 

Roma no siempre conserva su pasado de forma perfecta o completa; muchas veces lo muestra precisamente a través de sus ausencias. El Coliseo es una de esas grandes lecciones de la ciudad: basta detenerse ante sus piedras para descubrir que incluso aquello que ya no está puede seguir contando una historia. 

Y esa es una de las razones por las que recorrer Roma con tiempo, curiosidad y mirada atenta permite dejarse sorprender una y otra vez por un patrimonio que lleva siglos dialogando con la ciudad.