La capacidad auditiva puede cambiar de forma gradual y natural con el paso de los años, aunque también puede verse afectada por diferentes factores como el ruido, determinadas enfermedades o el uso de algunos medicamentos recetados. En muchas ocasiones, los primeros signos pasan desapercibidos y se atribuyen al cansancio o a la falta de atención.
Sin embargo, reconocer las señales de que el oído ya no responde como antes permite actuar antes de que sea demasiado tarde, buscar una valoración profesional y prevenir posibles complicaciones que afecten a la calidad de vida de la persona.
¡Descubre las señales de que el oído ya no responde como antes!
Dificultad para entender y mantener las conversaciones
Una de las primeras señales de que el oído ya no responde como antes es la dificultad para comprender las palabras, especialmente cuando se da una situación en la que varias personas hablan a la vez. Es posible escuchar que alguien está hablando, pero no distinguir con claridad el mensaje que transmite.
Esta situación suele hacerse más evidente en restaurantes, reuniones familiares o lugares en los que hay una multitud, donde el ruido ambiental dificulta la comprensión. También puede ocurrir que la persona necesite pedir que le repitan las frases con cierta frecuencia o que interprete incorrectamente algunas de las palabras dichas.
Aunque estos problemas pueden parecer puntuales, si se repiten en el tiempo conviene prestarles atención y consultar con un especialista en audición.
Volumen de la televisión demasiado alto
Otra señal habitual consiste en aumentar progresivamente el volumen de la televisión, la radio o cualquiera de los dispositivos electrónicos que hay al alcance. Mientras otras personas consideran que el sonido es demasiado alto, quien experimenta dificultades auditivas puede sentirlo como normal o, incluso, como insuficiente.
Este cambio puede producirse poco a poco, por lo que la persona afectada quizá no sea consciente del mismo en el momento. De hecho, suelen ser los familiares quienes detectan primero el problema y comentan que el volumen resulta molesto para los demás. Hay que tener claro que se debe actuar con tacto a la hora de comunicar el problema al individuo afectado.
No escuchar bien algunos sonidos agudos
La pérdida de audición no siempre afecta a todas las frecuencias de la misma manera. En muchos casos, los sonidos agudos son los primeros que dejan de percibirse de forma adecuada. Esto puede hacer más difícil la identificación de varias consonantes y hacer que las palabras parezcan poco claras, incluso, cuando se escucha la voz de otra persona.
También pueden pasar inadvertidos varios sonidos cotidianos, como algunos pitidos electrónicos o de electrodomésticos, así como algo tan rutinario, como puede ser el cantar de los pájaros.
Estas dificultades no siempre significan que exista una pérdida auditiva relevante, pero constituye un motivo relevante para realizar una evaluación cuando aparecen de forma duradera.
Escuchar zumbidos o pitidos en los oídos
Los acúfenos, conocidos popularmente como zumbidos o pitidos, son otra de las señales de que el oído ya no responde como antes. Pueden presentarse de manera ocasional o mantenerse durante largos periodos de tiempo.
En algunas personas aparecen junto con una pérdida auditiva, aunque también pueden tener otras causas que tiene que determinar el especialista. Su intensidad puede variar y, cuando son persistentes, llegan a afectar directamente al descanso, la concentración o el bienestar emocional de la persona.
Si estos sonidos aparecen de manera sorpresiva, se acompañan de una disminución brusca de la audición o hacen acto de presencia junto con otros síntomas importantes, es clave buscar atención médica de urgencia.
Necesitar hacer una lectura de labios
Cuando escuchar resulta más complicado, muchas personas comienzan a fijarse de manera inconsciente en los labios y en los gestos de quien habla. Esta estrategia ayuda a completar la información que no consiguen entender mediante el oído.
Aunque apoyarse en las expresiones faciales es completamente normal, depender cada vez más de las mismas puede indicar que comprender el lenguaje hablado se está volviendo más complicado de lo esperado. Además, algunas personas pueden empezar a no acudir a reuniones sociales por miedo a no entender las conversaciones que se dan.
